Existe una teoría que dice que todo está estipulado en 1 teoría. Se trata de la teoría de la coherencia del británico Thomas Young. Más allá de la física, hubo otras formas hegemónicas de hacer ver donde no había luz. Si notamos los primeros ensayos ‘serios’ sobre la incidencia de los medios masivos de comunicación, todo aparece en una primera instancia bastante fácil.
Los institutos americanos, sedes de las principales fábricas de aparatos de televisores en el momento en que estos comenzaban a aparecer en los países ‘desindustrilizados’, fueron los primeros encargados en restringir el acceso a los materiales, primero, para la construcción de los receptores de televisión, y luego, los que acapararon por este simple principio de restricciones, el espectro teórico sobre sus concecuencias. Así, con ese predicamento empiezan los estudios sobre televisión.
Cuando ello quedó claro, una vez que se entiende que junto con los transistores, venían a precio muy caro los derechos de autor sobre los estudios que explicaban su funcionamiento, los enunciados ‘científicos’ se pierden en esta retórica: “Estudios recientes afirman que la incidencia de los medios masivos de comunicación sobre la población se daría de tal manera que, de no existir aquellos, no podría afirmarse una variación en las actividades de la familia”… o bien “el aparato de televisión se presenta tanto como amigo como enemigo de los integrantes de la familia”… o este otro “sobre una población de niños brillantes, la incidencia de la televisión implica consecuencias que pueden ser o bien claras, o bien indistintas respecto de la misma franja de población pero de características mediocres” (Halloran, J. D., 1965, p. 35)
El resultado estaría entonces en relación directa en cómo ese ‘retraso’ respecto de los efectos, pudo haber incidido o no, respecto de alguna política programática y que no se contiene en trabajos sociológicos o perteneciente a ninguna otra ciencia, sino dentro de las casuísticas propias y domésticas de un Estado dominante respecto de uno dominado.
Los investigadores de la cultura popular en el ámbito nacional (Casullo, Grimson, Ferrer, et. al.) afirman que la dinámica de comprensión de la cultura popular está en relación a su estudio en un punto de fuga, y que en todo caso cualquier teoría absoluta viene a descomponer, más bien que a determinar, un sistema de dominación preestablecido a partir del uso que las multitudes ejercen sobre ese medio.
Finalmente, quedaría por explicar, cosa difícil pero no imposible en un momento en que se ha abierto la percepción sobre los hechos de esa época, las matanzas, ahora sí digitadas por las potencias centrales, y cómo, las políticas regionales, dentro de esa perspectiva resuelven las nuevas formas de dominación.